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Uruguayos “colonizan” el chaco paraguayo: dos millones de hectáreas dedicadas a la ganadería pertenecen a inversores uruguayos

Uruguayos “colonizan” El Chaco

En 1994 el ingeniero agrónomo Rodrigo Artagaveytia desembarcó en el chaco paraguayo, un territorio selvático al norte del país guaraní. Entonces, una hectárea de tierra virgen costaba 10 dólares, hoy ya anda por los 350, pero sigue siendo rentable, según contó Artagaveytia a En Perspectiva. El ingeniero agrónomo que dirige la empresa agropecuaria Estudio 3.000 dedicada a la gestión y explotación de proyectos ganaderos agropecuarios de inversores uruguayos, afirma que se trata de tierras ganaderas de “gran potencial”. El principal atractivo, dijo el ingeniero agropecuario, sigue siendo el precio “en Paraguay, con niveles de producción de 150 kilos de carne por hectárea, es de 1.100 a 1.200 dólares [contando con los costes para ponerlas en producción], en Uruguay hablamos de 3.000 ó 3.500 dólares para 100 kilos de producción”. Respecto a la inseguridad, el empresario ganadero entiende que hay “dos Paraguay”, y que el “Paraguay serio” es un país “seguro” que “se mueve” y donde todo “está mejorando”. El agrónomo explicó que la inversión mínima hoy ronda los 1,5 millones de dólares para 4.000 hectáreas.


EMILIANO COTELO:
El crecimiento fuerte del agro uruguayo en los últimos años ha venido de la mano de grandes inversiones de empresarios extranjeros, comprando y/o arrendando campos. Ese proceso ha sido tan importante que cada tanto aparecen advertencias sobre la extranjerización de la tierra y se discute en el sistema político la necesidad o no de regular ese fenómeno. Pero resulta que al mismo tiempo, silenciosamente, iba creciendo otra corriente de signo contrario: inversores uruguayos salían de fronteras y se lanzaban a la conquista del campo en Paraguay.

No es una tendencia nueva, pero ha ido creciendo y consolidándose en los últimos años. Y esta semana fue noticia. Según un artículo del diario Última Hora de Asunción, al día de hoy el 12,5% de las tierras dedicadas a la producción ganadera en Paraguay están en manos de uruguayos. Estamos hablando de casi 2 millones de hectáreas productivas que los uruguayos han ido conquistando en tierras guaraníes.

¿Cómo se ha dado este fenómeno? ¿Por qué tantos uruguayos han entrado en este negocio?

Vamos a conversarlo con el ingeniero agrónomo Rodrigo Artagaveytia, quien, además de tener campo en Paraguay produciendo, es director de Estudio 3.000, una empresa paraguaya que asesora en el área de las inversiones agropecuarias y que ha sido una de las principales impulsoras de este desembarco charrúa en aquel país.

Empecemos por la historia de esto. Usted se instaló en Paraguay con Estudio 3.000 en 2001.

RODRIGO ARTAGAVEYTIA:
En 2001 formalmente la empresa, comenzamos comprando tierras un grupo de uruguayos en el año 1994.

EC – Entonces la fecha que tenemos que manejar es anterior todavía, 1994.

RA – En 1994 un primer grupo de uruguayos desembarca en Paraguay comprando tierras en el norte, en el Chaco, una zona que era totalmente desconocida en aquella época y prácticamente inaccesible. Y a partir de ahí comienza la campaña en Paraguay. Personalmente para mí una larga carrera que venimos corriendo.

EC – ¿Por qué tomó aquella primera decisión? ¿Qué pasaba en aquel momento que lo llevó a intentar hacer negocios en Paraguay?

RA – Se juntan muchas cosas. Por un lado hay cierta genética aventurera y conquistadora que no es menor y no deja de tener su importancia. Y en segundo lugar el conocimiento; tenía familiares que tenían campo en Mato Grosso, sabía lo que era la realidad del trópico, el potencial de producción del trópico, y el gran potencial de esas tierras que vi, que pude apreciar en el Chaco paraguayo me decía que había algo que no andaba bien, porque esas tierras de gran potencial de producción a esos precios en aquel momento ridículos (10 dólares) eran algo que no podía durar en el tiempo.

EC – ¿Hubo factores acá en Uruguay que lo impulsaron a dar el paso?

RA – No, personalmente lo que me llevó a dar el paso fue que en Uruguay trabajaba con una empresa familiar, y personalmente, como joven que era en aquella época todavía y viviendo del trabajo propiamente agropecuario o de la producción ganadera, veía difícil un crecimiento personal y económico. Entonces siempre vi a Paraguay como un lugar de oportunidades, como un país de oportunidades que me podía permitir crecer en lo profesional, en lo personal y en lo económico.

EC – Saltando en el tiempo, ¿hoy cuál es su situación? ¿Qué es lo que hace, qué produce en Paraguay?

RA – Hoy tengo una empresa agropecuaria que se llama Estudio 3.000, estamos dedicados al negocio de la feria por pantalla, a la comercialización de hacienda y a la gestión y explotación de proyectos ganaderos agropecuarios, principalmente de inversores uruguayos.

EC – Usted mismo produce.

RA – Producimos, cómo no.

EC – Concretamente, ¿ganadería?

RA – Ganadería, el Chaco es principalmente ganadero.

EC – ¿Cómo funciona Estudio 3.000? ¿Qué tipo de servicios brinda?

RA – Estudio 3.000 impulsó el sistema de venta por pantalla en Paraguay, que nació acá, y lo impulsó allá con el apoyo de la Asociación Paraguaya de Criadores de Nelore. A partir de ahí y en función de mi presencia en Paraguay surgen interesados en la compra de tierra allá, un poco por el conocimiento, por la confianza, etcétera. Por lo tanto lo que hicimos fue profesionalizar esa corriente que se fue incrementando cada vez más en un departamento inmobiliario, dándole toda la profesionalidad y todo el respaldo que merece el tema.

EC – ¿El servicio es asesoramiento ahí estrictamente, en la compraventa, o va más allá?

RA – Primero que nada en la compraventa, y va más allá. Vamos a separar un poquito las etapas. La ida de muchos extranjeros a comprar tierra a Paraguay comienza por el negocio inmobiliario, tenemos un negocio bueno, la tierra vale poco, un negocio inmobiliario bueno. A partir de ahí comienza la segunda etapa, que es la etapa de producción, porque no olvides que compramos tierras vírgenes.

EC – De eso vamos a hablar, de qué implica decidirse a invertir en esas tierras.

RA – Ahí comienza la segunda etapa, que es la etapa de producción, desarrollo y gestión agropecuaria ya del negocio ganadero; estamos trabajando en varios proyectos.

EC – Vamos por partes. ¿Quiénes son los inversores uruguayos que están comprando tierras en Paraguay? ¿Cuál es el perfil de esas personas?

RA – Originalmente personas más ligadas al sector agropecuario, pero te diría que en los últimos años eso ha cambiado drásticamente, de tal forma que no hay un perfil definido de quiénes son. Pero indudablemente el sector ganadero del Uruguay es el que tiene más preponderancia.

EC – Por lo que usted dice, también hay inversores que compran tierra en Paraguay y no tienen antecedentes en el agro.

RA – Sí, hay unos cuantos inversores que no tienen antecedentes en el agro, pero que van de la mano de otros inversores que sí tienen antecedentes y se embarcan en proyectos comunes de desarrollo en Paraguay.

EC – ¿Por qué es interesante para este tipo de empresarios la inversión en tierra en Paraguay? Habló del precio, pero ¿es lo único que está en juego?

RA – El precio es el puntapié inicial, lo llamativo. A partir de ahí, quien estudia y analiza qué es Paraguay y lo que ofrece, ve que más allá del precio hay una oportunidad de negocio muy interesante con una proyección muy buena por delante, el negocio agropecuario.

EC – Veamos en primer lugar el tema precio, porque no es lo mismo el precio de aquella primera movida suya en 1994 o 1995, a 10 dólares la hectárea, y los precios que se están pagando hoy. ¿Hoy en cuánto están?

RA – Hoy hablamos de 350 a 400 dólares la hectárea, promedio.

EC – Igual es barato si comparamos con la tierra en Uruguay. ¿Qué promedio uruguayo habría que usar en esa comparación?

RA – Siempre es importante destacar que seguimos hablando de tierras vírgenes. Sllevamos esa explotación a una explotación productiva, hablamos de una inversión total de 1.100, 1.200 dólares por hectárea. Un campo ganadero en Uruguay que produce 100 kilos por hectárea vale entre 3.000 y 3.500 dólares la hectárea, y aquí hablamos de tierras que producen un 50 o 60% más que las tierras uruguayas.

EC – Mencionó recién que el precio de la hectárea en Paraguay anda en los 350, 400 dólares, pero muy rápido dijo al pasar que a esa hectárea hay que invertirle arriba.

RA – Por supuesto.

EC – O sea que el precio en realidad no es 350, 400, termina siendo 1.000, 1.000 y poco.

RA – El precio de una hectárea productiva en Paraguay, con niveles de producción de 150, 160 kilos de carne por hectárea, es de 1.100 a 1.200 dólares. En Uruguay hablamos de 3.000, 3.500 dólares para 100 kilos de producción.

EC – De todos modos, es conveniente.

RA – Ahí hay una relación casi de 3 a 1, pero esa tierra en Paraguay que vale 1.100 produce un 60% más que la de Uruguay, por lo tanto la relación aumenta drásticamente. Y si vamos a lo que se dice en el mundo, que en el fondo la ecuación que importa es cuánto vale lo que pisa una vaca, en Paraguay la vaca pisa algo mucho más económico que lo que pisa en Uruguay.

EC – Cuando habla de 1.000, 1.100 dólares una hectárea productiva en Paraguay, está diciendo que a los 350 dólares iniciales hubo que ponerles plata arriba para efectivamente convertirla en productiva.

RA – Hay que ponerle dos componentes importantes. Primero, Paraguay tiene una ley ambiental muy dura, muy estricta y muy buena, más allá de dura, muy buena, el 50% del área que uno compra queda como reserva forestal, queda en pie, por lo tanto uno queda habilitado a utilizar el 50%. Ahí ya la hectárea que costaba 350 vale 700, la útil, y si a eso le cargamos los 400 y pico de dólares que lleva como inversión, llegamos a que la hectárea útil en Paraguay me cuesta eso.

EC – De algunas de estas cosas hablaba ayer en el matutino La Diaria el senador Ernesto Agazzi, del MPP, decía: ojo, este fenómeno tiene “un costado que no se menciona y es que en Paraguay las tierras son muy baratas pero casi no hay infraestructura, muchas veces los productores deben adquirir avionetas o helicópteros para trasladarse. También la débil institucionalidad y, por lo tanto, cierta inestabilidad fueron factores que devaluaron las tierras de ese país”. ¿Qué dice usted sobre ese análisis?

RA – Paraguay es un país que viene demostrando que está con pantalones cada vez más largos, es un país con una prosperidad tangible a todo nivel, un país que proyecta un crecimiento del 10,5% para este año nuevamente, un crecimiento brutal, y donde las cartas están a la vista. Sin lugar a dudas hay que tomar en cuenta que por algo las tierras valen lo que valen, no es casualidad. Valen eso porque ha habido mucho rezago, cuando yo me fui en el año 95 allá mucha gente me decía que estaba loco, que era una locura, y hoy esos mismos están yendo a Paraguay.

Es lógico, era un país que tenía un rezago importante, por lo tanto en infraestructura, en caminería, en comunicaciones estaba muy atrás. Por otro lado, también se pagan pocos impuestos, por lo tanto podemos exigir poco, entonces la caminería crece en gran parte a partir de aportes de los productores. Las comunicaciones crecen vertiginosamente a través de celulares y compañías de celulares, hoy tenemos comunicación en prácticamente todo el Chaco. La electrificación rural está creciendo y conquistando el Chaco también a paso agigantado de mano del sector privado. El sector privado está participando mucho gracias a la inversión, gracias al crecimiento. O sea que es real, Paraguay está rezagado, pero viene dando pasos importantes.

EC – Está bien, pero queda claro que quienes se deciden a invertir en esas tierras en Paraguay –y ni que hablar los primeros que se animaron, el caso suyo y algunos otros– están de hecho como en un proceso “colonizador”, están liderando el cambio en esa zona, están asumiendo el costo y los riesgos de liderar ese cambio.

RA – Ese espíritu colonizador va perdiendo fuerza y va tomando fuerza la realidad del país. Sin lugar a dudas en 1995 éramos colonizadores, hasta un poco locos, pero todos esos inversores que en el año 1985 miraban a Paraguay como una locura y no estaban dispuestos a comprar tierras a 10 dólares hoy están entrando y pagando 350 y 400, porque el país tiene una realidad mucho más palpable. Entonces quien no entraba antes entra ahora, por lo tanto van cambiando los jugadores; cambia la situación, cambian los jugadores. La realidad es que hoy estamos parados en un país que tiembla, tiembla por lo que se mueve, se mueve todo, se mueve la economía del agro, de la ciudad, de las construcciones, de los servicios, el agro mejora su eficiencia, mejora la genética, mejora la exportación de carne. Todo mejora, es impresionante lo que está pasando en Paraguay, asusta lo que está pasando.

EC – Vayamos a otros aspectos de lo que mencionaba el senador Agazzi. Ya hemos dicho que el que compra a 350 en realidad tiene que pensar que está comprando a 700, porque la mitad del campo no la puede tocar, y después tiene que invertir para mejorar, para que esa tierra pueda resultar productiva. Invertir por ejemplo en alambrados, en agua…

RA – Alambrados, aguadas, siembra de de pasturas, infraestructura.

EC – Agazzi dice que hay otros factores que hay que considerar, habla por ejemplo de la débil institucionalidad. Otros lisa y llanamente lo expresan por el lado de la inseguridad jurídica, y se mencionan casos, ha habido litigios en torno a algunas compraventas, hasta casos de uruguayos que fueron sorprendidos en su buena fe comprando tierras que habían sido entregadas por el gobierno a productores como parte de la reforma agraria. ¿Qué dice de ese aspecto, de ese riesgo?

RA – Primero, lo de la buena fe lo dejo en cuestión. La realidad es que en Paraguay, como en todos los países del mundo, hay dos Paraguay, un Paraguay bueno que es trabajador, serio, sano, confiable, y un Paraguay diferente. Hay en todos lados. Por lo tanto, problemas de seguridad jurídica, problemas de títulos hay en Paraguay como también hay en otros lados. La pregunta es: ¿se puede hacer negocio en Paraguay con garantías, con confianza, sabiendo que uno está haciendo un negocio seguro? Por supuesto, porque existen los mejores profesionales escribanos, abogados, agrónomos… a todo nivel como para asegurarse de si esa tierra que está comprando fue dada o no por estatuto agrario, por la reforma agraria a un campesino. Uno ahí sabe eso.

Pero hay un porcentaje alto, capaz que un 30% de las tierras que se ofrecen en el mercado, que nosotros como uruguayos no podemos comprar. A partir de ahí es uno el que toma la decisión, si uno se asesora bien, sabe que esto no lo puede comprar, pero hay gente que resuelve entrar igual. Ese es otro problema, yo le puedo decir que en lo personal trabajamos con los mejores profesionales y no hemos tenido problemas nunca. También le puedo decir que hay un Paraguay serio que trabaja tan bien como nuestro país, que es tan confiable como nuestro país, donde uno puede estar sentado en una radio con periodistas tan buenos como usted y donde vamos a trabajar a todo nivel como si estuviéramos en casa. Pero también hay otro Paraguay que es el de Ciudad del Este, que ya conocemos; es que lamentablemente el Paraguay bueno no tiene prensa.

EC – Yo le preguntaba recién por inseguridad jurídica. Le pregunto ahora por inseguridad física, ¿qué pasa desde ese punto de vista en esa zona tan alejada del territorio paraguayo? Porque hay que pensar, por ejemplo, y ha habido casos, de problemas de enfrentamientos con narcotraficantes.

RA – Y sí. Y acá también.

EC – Esas son zonas donde por ejemplo hay pistas clandestinas de aterrizaje para avionetas de narcotraficantes.

RA – Y acá también, en el norte del país también ha habido problemas. Hay una realidad, por supuesto, es un país más folclórico, por sus características, porque es un país que ha sido relegado, y además por la tremenda área que tiene sin conquistar. Eso consecuentemente lleva a que haya más posibilidades de todas estas cosas.

EC – ¿Cómo se maneja la seguridad, cómo maneja un uruguayo que compra campo en esa zona del Paraguay su propia seguridad?

RA – Se maneja igual que en Uruguay mientras se maneje dentro de esa franja del país serio y seguro. Si uno quiere ir a Paraguay y entrar en negocios turbios, va a Ciudad del Este y seguramente va a entrar en negocios turbios, pero ya es otra película. Yo le puedo asegurar que el que trabaja en el Paraguay serio, en el Paraguay seguro, ni siquiera tiene contacto con esa realidad.

EC – Pero por ejemplo, por las rutas de esa zona, que son pocas y están en mal estado, ¿se puede circular con tranquilidad?

RA – Absolutamente.

EC – ¿O mejor ir lisa y llanamente en avión o helicóptero?

RA – No, no, yo le aseguro, tan tranquilo como acá, y no sé si no le voy a decir más tranquilo que acá. Absolutamente más tranquilo que acá, soy drástico en eso. La gente que va a Paraguay se sorprende de la calidad humana, los que van de Uruguay vienen impactados por la calidad humana y la gente. Esa realidad es la que se palpa en la calle y en todos lados. No quiere decir que no haya problemas de robos, de algún asesinato, como acá. Por favor, acá ni noticias tenemos, lo único que hay son dramas. Paraguay seguramente también tiene eso, pero de ahí a decir “vivo inseguro”… No voy a decir que vivo más seguro que acá, pero la realidad es que vivo muy seguro, sin ningún problema, y funciono sin ningún inconveniente en ningún lado.

EC – ¿Incluso en esa zona, en la selva?

RA – La selva es mucho más segura que la ciudad.

EC – Usted ya mencionó cuáles son las ventajas de Paraguay para este tipo de inversiones. Dijo que las tierras son de una alta productividad. Pero me queda la duda: el uruguayo que compra tierra en Paraguay, sobre todo el uruguayo no vinculado antes al agro, ¿compra para producir efectivamente o compra como un negocio inmobiliario a la espera de que los precios suban y después vender en mejores condiciones?

RA – Sin ninguna duda el negocio de la compra de tierra en Paraguay tiene dos componentes importantes, la pata del negocio inmobiliario, el hecho de comprar tierras a precios todavía lejos de la realidad internacional es un componente importante y es un llamador para mucha gente a participar. Después viene la segunda realidad, cuando uno saca la cuenta el negocio productivo también es muy bueno. Otras veces quien entra, por falta de capital -o no por falta de capital, sino porque el capital que está dispuesto a poner en Paraguay es tanto y eso es suficiente solo para comprar tierras- no acaba produciendo, porque para comprar una estancia hay que sumar unos cuantos millones de dólares a los 1.000 y pico de dólares por hectárea.

EC – ¿De cuánto estamos hablando? ¿Cuál es el mínimo tamaño de un campo de estos que se compran de esta forma?

RA – El Chaco fue fraccionado y tiene un catastro, son todas parcelas de 4.000 hectáreas. Esos son los lotes originarios.

EC – La inversión mínima hoy es de…

RA – Casi un millón y medio de dólares, solo en tierra. Y si vamos a ponerle arriba el resto, hablamos de casi 5 millones de dólares para formar una estancia. Por lo tanto hablamos de realidades diferentes, Paraguay les ha permitido muchos uruguayos o extranjeros entrar en el negocio en su momento con un pequeño capital, o no tan pequeño, pero un capital menor. Y después quienes han podido y han querido han pasado y están pasando a la segunda etapa, que exige mayor capital pero también de muy buena realidad.

EC – Le propongo incorporar al ingeniero agrónomo Guillermo Villa, integrante estable de nuestras Tertulias Agropecuarias, que conoce bastante de este tema, no de manera directa, pero sí a través del contacto con quienes de su entorno han incursionado también en Paraguay.

Guillermo, ¿qué impresión tenés sobre este fenómeno?

GUILLERMO VILLA:
Comparto lo que dijo Rodrigo prácticamente en todos los términos. Si bien no invertí, tengo allegados que están invirtiendo en serio en la parte productiva, más que nada, empezaron en la parte inmobiliaria y hoy están en la parte productiva en serio. Tuve la oportunidad de acompañarlos dos o tres veces, y la percepción que me llevo es la misma. Fui a Paraguay pensando en mirar para los costados y tener miedo y realmente cuando uno entra en el Chaco se olvida de la inseguridad y se siente como en su casa.

La percepción que tengo es que la mayoría de las inversiones se hicieron en forma inmobiliaria, en el año 2007 los campos se compraban a 50, 60, 70 dólares, hoy esos campos valen 350, 400, como decía Rodrigo, quiere decir que subieron proporcionalmente según la misma inflación que tuvimos acá en Uruguay. Pero tengo la percepción de que muy pocos de los uruguayos que invirtieron se están animando a dar el segundo paso, que es el paso productivo. Me gustaría saber cuánto de esos 2 millones realmente entró en el ciclo productivo. Porque uno va y le dicen “este campo lo compró tal”, “este campo lo compró tal”, pero uno mira a través del alambrado y es la misma selva que estaba en los años 2006, 2007.

RA – Lo de los 2 millones de hectáreas es una información que creo que viene de la Rural del Paraguay, yo no la manejo. Lo que sí es interesante es mirar una imagen satelital de lo que era el Chaco hace 10 años o lo que era en el 2007, 2008, y lo que es ahora, el cambio es vertiginoso. Lo que se está desarrollando en el Chaco es vertiginoso, y si no hay más desarrollo es por las limitantes ambientales o porque si uno compró un campo en el 2008, precisa un proyecto para desmontar, que lleva un año y medio, dos años, y después el país te permite ir desmontando en etapas. Son procesos que se están viviendo. La compra de tierra es lo primero, lo que recomendamos siempre a los clientes es: asegúrense la tierra, que es lo que se nos escapa. La posibilidad de comprar tierra se va escapando todos los días por lo que sube, producir pueden comenzar en un año, en dos o en tres, son etapas. Por lo tanto, lo que se ve es la imagen satelital, sería bueno verla porque el Chaco cambia día a día, vertiginosamente.

EC – ¿Otro comentario, Guillermo?

GV – También sobre lo que él mencionaba, el Paraguay bueno y el malo. Cuando tenemos un Paraguay bueno y uno malo, de repente cuando uno se dedica a su área no lo afecta, pero hay cosas que sí afectan. Tenemos un episodio que sucedió no hace mucho tiempo que fue el caso de la aftosa, y todos sabemos que la aftosa entró por problemas del paraguayo malo, el paraguayo que compraba la vacuna y la tiraba, que no vacunaba, que tenía aftosa y no denunciaba. Pero indudablemente, cuando tú estás en la misma bolsa con un tema sanitario a nivel de país esa conducta del paraguayo malo afectó al uruguayo que está invirtiendo, que nos consta que está vacunando, que está tomando los recaudos. Tú que estás en el tema, ¿qué se está pensando en eso? Porque eso no puede seguir así.

RA – No, sin lugar a dudas. Primero, la realidad del Paraguay es muy diferente de la realidad del Uruguay. Para el que no ha estado o no comprende, tenemos un departamento como el de San Pedro que tiene 75.000 productores con menos de tres cabezas, y muchos de esos productores no tienen cédula. El registro y seguimiento de todo eso es mucho más complejo.

Pero la realidad es que Paraguay sintió este último golpe, especialmente la ganadería, pero lo sintió el país entero, el Paraguay es muy consciente del problema que tiene y la responsabilidad que tiene, primero frente a sus propios productores, al propio país, y segundo frente a la región y el mundo. El Paraguay cambia día a día su manera de pensar, su manera de actuar a todo nivel. Y creo que esto es un buen ejemplo, otro ejemplo más de las cosas que en Paraguay se están tomando en serio. La Asociación Rural del Paraguay, con una comisión directiva nueva –y las anteriores también–, está trabajando el tema con mucha profesionalidad, con mucha responsabilidad y además con el convencimiento de que si eso no cambia puede ser muy dramático para el país y para la región.

EC – El uruguayo que compra tierra en Paraguay ¿se instala a producir?

RA – No, en general el uruguayo que compra tierra en Paraguay no se instala, comienza a trabajar o produce a través de asociaciones con otra gente o a través de servicios contratados o empresas que le realizan el desarrollo.

EC – Ese es todo un sector entonces, un sector dinámico dentro del agro, supongo.

RA – Es un sector muy dinámico, concretamente en el Chaco quienes están prestando mucho esos servicios son los menonitas.

EC – ¿Cómo es eso?

RA – Los menonitas son los verdaderos colonizadores del Chaco, llegaron en el año 1930 originarios de la zona de Rusia y posteriormente de Alemania, y se instalaron en medio del Chaco, porque Paraguay les permitió vivir ahí con su régimen, con su sistema, sin exigirles el idioma español, etcétera. Son los que realmente conocen el Chaco y han desarrollado una cultura, una tecnología y una forma de trabajar, y además son quienes prestan servicios y aportan todo lo que uno necesita para desarrollar el Chaco. Han sido muy importantes en el desarrollo.

EC – Hablábamos recién de la capacidad productiva de esas tierras. Quizás sería bueno profundizar en qué es lo que se produce y con qué resultados. ¿Tú tienes alguna pregunta o algún comentario por ese lado, Guillermo?

GV – Indudablemente, en la parte productiva habría que explicar un poco el tema de los cultivos, porque cuando uno habla de la fertilidad de los campos del Chaco se cuestiona por qué no son zonas que se agricolizan. Y me interesaría que él explique, por los ciclos de lluvias, cuáles son los ciclos productivos permitidos.

RA – Creo que el éxito del Chaco está basado en varias variables, pero el componente principal es la fertilidad. Si medimos la fertilidad en fósforo, que es un elemento muy importante para la producción, lo sabemos todos, en Uruguay el promedio es 3 partes por millón de fósforo (al menos cuando yo estaba en facultad ese era el promedio) y el Chaco ha de tener 70, 80, hay campos de 150 partes por millón de fósforo. Es una fertilidad impresionante la del suelo. Pero eso no es todo, es un componente muy importante y ayuda mucho a todo el desenvolvimiento animal, la reproducción, el crecimiento de los pastos, etcétera. Pero el clima, el régimen de lluvias, la humedad relativa, el Chaco tiene una humedad relativa de 45%, eso hace que la sanidad sea muy buena, los costos sanitarios son muy bajos, la mortandad es muy baja. Eso sumado a la mejora genética y las pasturas implantadas, la revolución del Chaco fue la importación de las razas cebuinas, antes criaban razas europeas. Y la implantación de pasturas de origen tropical, de Tanzania, etcétera, pasturas C4 con alta productividad. Ese conjunto de variables es lo que termina resultando en algo muy bueno, muy atractivo y muy alentador.

El Chaco es ganadero, para mí es ganadero por definición, por lo menos en el concepto tradicional, sin embargo hoy las nuevas tecnologías, las nuevas variedades, etcétera, hacen que en ese Chaco en algunas áreas se esté hablando, se esté pensando y se estén practicando ya experiencias agrícolas, porque se cree que puede ser un área muy importante para trabajar.

EC – En cuanto a ganadería, ¿qué es lo que se cría?

RA – Se creían principalmente razas cebuinas, que son las razas adaptadas a esta región. Lo que está cambiando día a día es el cruzamiento, el nivel de hibridación, Paraguay está trabajando mucho no solo en áreas nuevas que incorpora, sino en la mejora genética, hay una inversión en mejora genética muy, muy grande en técnicas de manejo, en eficiencia. Trabajamos con razas cebuinas, cruzamiento, la edad de faena ha bajado drásticamente, la calidad de la carne mejora día a día, cada día Paraguay está más en las góndolas del mundo y ocupando las estadísticas cada día mejor.

EC – ¿Se obtiene buen precio por esa carne?

RA – Se obtiene muy buen precio, precios comparables con los precios de la región. En algún momento estuvo igual que Uruguay, en algunos momentos mejor, hoy está abajo después del episodio de aftosa, estamos recién tratando de recuperar, pero se obtiene muy buen precio. A veces es hasta incomprensible por qué Paraguay, sin tener la tradición, la calidad y el prestigio de la carne uruguaya, y sin ser un operador tan antiguo a nivel mundial, logra precios tan buenos a nivel interno.

EC – Guillermo, ¿alguna consideración final?

GV – Simplemente un comentario. Antes del episodio de aftosa Paraguay era prácticamente el único país de la región donde venía creciendo sistemáticamente su faena, pero paralelamente venía creciendo el stock. Eso como uruguayos nos tiene que llevar a pensar que va a ser un país en competencia con las carnes; el precio que está recibiendo el productor creo que antes de la aftosa era superior al que recibían los productores uruguayos vendiendo en mercados de menor valor. Son cosas que nos llevan a la reflexión.

EC – Uruguayos compitiendo con uruguayos.

RA – Uruguayos compitiendo con uruguayos, es realidad. Es exacto, lo que dice Guillermo es absolutamente cierto, en Paraguay crece el stock ganadero día a día. Cuando me fui a Paraguay a vivir había 9.500.000 cabezas, después de muchos años parado, en los últimos años creció a unas 500.000 cabezas por año, hoy tenemos más de 13 millones de cabezas y Paraguay proyecta 15 millones de cabezas para el año 2015 y 20 millones para el 2020. Por lo tanto lo que dice Guillermo es real, y eso está acompañado o motivado por este movimiento que está habiendo que es tremendo, a todo nivel, con un optimismo muy grande.

EC – ¿Puede crecer todavía la presencia de uruguayos en Paraguay? ¿Hay espacio?

RA – Por supuesto que hay espacio. Hay mucho espacio, especialmente para aquellos que vengan a aportar al país, y mucho más aportar al crecimiento de la economía, habiendo desarrollo, inversión y producción.

EC – Por ejemplo, los precios, ¿qué evolución van a tener?, ¿en qué medida el crecimiento que están teniendo va a seguir haciendo viable este tipo de negocios?

RA – Creo que lo dijo también Guillermo, Uruguay y la región también tuvieron un crecimiento muy importante en estos últimos años, por lo tanto Paraguay tuvo, pero la región también. Por lo tanto a nivel comparativo Paraguay sigue siendo y va a seguir siendo por unos cuantos años un país interesante para invertir si lo comparamos con la región y con el mundo. Debería seguir a tasas bastante parecidas, por lo que uno ve, por lo que pasa, y no veo motivo para que esto deje de crecer hasta llegar a niveles parecidos a los de la región.

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