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El modelo que llevó a Chilterra a ser el tercer productor lácteo de Chile

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El concepto productividad aparece con frecuencia en el diálogo con Ricardo Ríos. Este ingeniero civil en informática, egresado de la Universidad Santa María, sabe muy bien de lo que habla. Partió en 1992 con la compra de 200 hectáreas del Fundo Santa Laura en Paillaco y hoy su empresa de la mano del modelo neozelandés de producción se encumbra como el tercer productor lácteo más importante a nivel nacional. 

Con un trabajo de hormiga y con el respaldo de su esposa Sandra Grob, una mujer que creció en una familia de agricultores de Valdivia, dio sus primeros pasos en el negocio lechero y consolidó los pilares de lo que hoy es Chilterra.

“Yo siempre quise tener un campo cuando chico y mi viejo que era una persona muy estricta me dijo: no, yo no te voy a financiar una carrera agrícola, porque no da plata, así que estudia ingeniería. Mi señora que era hija de agricultores siempre me decía que quería un campo y así lo hicimos”, comentó Ríos.

Al poco andar se dio cuenta que no tenía la capacidad para producir de la forma que necesitaba y eso le impedía pagar las cuotas del banco. Fue en este periodo cuando un amigo le contó sobre la lechería en Nueva Zelandia y sobre el interés de los productores chilenos por emular este sistema.

Mentalizado en convertir su firma en una de las más competitivas de Chile, Ricardo en 1995 decidió aprender con los “mejores del mundo” y fue por eso que viajó a Oceanía, donde comprobó que el exitoso modelo podría ser replicado en Chile debido a la similitud del suelo y el clima.

“Ahí me di cuenta que ellos trabajaban la agricultura de forma país, que eran tremendamente productivos y que las cosas las hacían de forma simple, pero muy efectivas. De regreso en Chile me di cuenta de que si no tenía un neozelandés que me ayudara mi proyecto estaba muerto”, confesó.

Una vez en Chile comienza a implementar el modelo con la asesoría del especialista neozelandés, Paul Corkill, radicado en Osorno, con quien trabaja en dos campos. Tras el fallecimiento de Corkill se contactó con otro experto, Mike Macbeth, quien en 1998 viaja a Chile para conocer su iniciativa en terreno y desde entonces empezó a cumplir un rol protagónico en la empresa.

En 2005 se asocian con Macbeth para que la firma siguiera creciendo, formando al año siguiente otra sociedad, Cruz del Sur, con la que adquieren otros terrenos, el fundo Los Radales, cerca de Osorno y a su vez compran el fundo El Huite. Ya con esto, el primero de septiembre de 2006 se crea formalmente la empresa Chilterra. En 2010, se crea la unidad productiva de El Huite, que fue inaugurada con la presencia del ministro de Agricultura, José Antonio Galilea, donde además se modernizaron una serie de instalaciones para hacer más eficiente el trabajo.

A su proyecto eso sí, le puso otros ingredientes, tales como la cercanía con sus trabajadores y el respeto por el medio ambiente. Para este agricultor trasplantado en suelos valdivianos, los buenos resultados de una empresa también dependen del cariño que profesen sus trabajadores por la actividad que desempeñan y el tiempo le ha dado la razón. Con su particular estilo logró que los jóvenes de la zona miraran al campo como un nicho lleno de oportunidades.

Como buen ingeniero, Ricardo Ríos siempre ha estado preocupado por mejorar la productividad e ideando fórmulas para aumentar el rendimiento de la empresa. Con estos objetivos en su cabeza hace 20 años que ha ido mejorando sus salas de ordeña.

MODELO

El modelo neozelandés se caracteriza por ser un sistema de producción de alto rendimiento, que en Chile potencia distintos campos a través de transferencia de información e innovación tecnológica, que en el caso de Chilterra, le ha permitido posicionarse como el tercer productor más importante a nivel nacional. Si en embargo no todo ha sido miel sobre hojuelas, una de las complicaciones que debe enfrentar son los ciclos largos de producción de este sistema y el estar inserto en un ambiente que trabaja de manera distinta.

“Es difícil implementar algo cuando todo el medio usa otro método que puede ser tan válido como éste. Nosotros por una razón estratégica decidimos usar éste método y nos ha dado muy buenos resultados”, explicó Ríos, quien advirtió que estos buenos resultados también lo viven sus trabajadores y las comunidades donde Chilterra está inserta como en las comunas de Paillaco, Futrono y Los Lagos.

Entre las características diferenciadoras del método neozelandés frente al tradicional está el contar con un trabajo estacional. Esto quiere decir que las vacas descansan desde mediados de mayo a mediados de julio. Se alimentan solo de praderas, sin fardos con forraje concentrado. Se planifica el 70% de los partos en primavera y el 30% en otoño.

“Nosotros no producimos leche, producimos pasto y maximificamos la transformación de pasto a leche. En ese proceso es cuando tú generas el margen de este negocio. Lo otro importante es que en este método todo tiene su fecha de realización. Si uno no hace las cosas a tiempo te quedas fuera del negocio, para esto entonces uno tiene que formar una estructura humana para hacer que los tiempos se respeten”, indicó Ríos, quien aseveró que en Chile aún faltan personas capacitadas y los recursos necesarios para cumplir a plenitud con las exigencias de la industria.

Justamente para hacer frente a esta complejidad es que se han propuesto participar en todos los eslabones. Tanto así que se han preocupado desde capacitar a sus trabajadores hasta contar con una maestranza y salas de ordeñas tecnológicamente equipadas para mejorar los rendimientos.

“Lo que hicieron los neozelandesés fue desarrollar el saber para esta industria, porque se dieron cuenta que su economía dependía de ella. Como esta industria es exitosa mucha gente quiere trabajar en ella y se han preocupado que las personas interesadas hagan bien su pega con la infraestructura adecuada. Teniendo salas de ordeñas cómodas, caminos buenos y maquinaria óptima”, explicó Ríos.

En esta dinámica, el empresario recalcó que para levantar su negocio el saber lo buscó en Nueva Zelandia y les entregó el poder a sus trabajadores para que en ellos nazca el “querer y seguir creciendo”.

A favor de este modelo se suma que se eliminan las prácticas poco eficientes. De esta manera el modelo es más rentable y participativo entre quienes trabajan el predio, quienes tienen un alto conocimiento técnico. Por esto la mano de obra en Chilterra es bien remunerada. Se puede llegar a ganar tres veces más y el método de trabajo es transversal lo que mejora la relación laboral.

“Primero tú tienes el conocimiento y con él tú puedes generar un método y mejorar la productividad y así generas las lucas. No es que la gente aquí gane más, sino que produce más y se les paga más por eso. Nosotros nos dimos cuenta de que sino teníamos la productividad de Nueva Zelandia no podíamos competir, porque a la larga el precio de la leche seguirá siendo el mismo”, aseveró.

Para Ricardo Ríos, el camino que debe seguir el Estado para mejorar la competitividad del sector es traer el conocimiento y fomentar las capacitaciones.

“Aquí es la gente de oficio la que tiene ese conocimiento y son ellos quienes entregan su saber a los que recién vienen entrando. A veces la educación es tan teórica que cuando un egresado se enfrenta a una máquina no sabe qué hacer “, precisó.

En esta misma línea se quiere derrocar la idea de que un trabajador que entra como ordeñador a una empresa lechera se queda como ordeñador. Este es el caso de Jorge Cifuentes, quien hace tres años llegó a Chilterra y su experiencia le valió convertirse en el administrador de una unidad lechera.

” Yo había trabajado en lecherías tradicionales y siempre había sido lo mismo. Aquí por mi experiencia me dieron la oportunidad de administrar una unidad lechera. Hasta ahora tenía la idea de que quien entra como ordeñador muere como ordeñador. Sin tener estudios profesionales estoy a cargo de esta unidad y me encargo de aproximadamente de 700 vacas”.

Graciela Cifuentes, hace poco asumió en la administración de la misma unidad lechera. Para ella es una gran experiencia laboral. “Todo esto es un aprendizaje. Uno se da cuenta de como se han ido mejorando los rendimientos”, precisó.

EDUCACIÓN TÉCNICA

Para difundir este conocimiento, Chilterra se relaciona con los establecimientos educacionales de su entorno a través de convenios para fortalecer la educación de liceos técnico- profesionales, impulsando así el sistema de educación dual.

De esta manera no es una sorpresa encontrar en las unidades de trabajo del Fundo El Huite a estudiantes. Este es el caso de Carlos López y Roberto Mora, ambos alumnos del Liceo Conrado de Futrono. “Aquí existe un buen manejo animal. Hay un respeto por los animales y eso de verdad es valorable”, sostuvo Roberto Mora.

Proyecciones

El plan de Chilterra es crecer y dar trabajo. “Cada vez que se abre una lechería son cuatro a cinco familias que mejoran su estándar de vida, porque un porcentaje de los ingresos de la lechería es lo que se va en remuneraciones y es varias veces el sueldo promedio que paga la industria. Esto porque me propuse que mi competencia era la minería y para no andar complicados con la mano de obra nos preocupamos de que tengan la infraestructura para ser productivos”.

Chilterra actualmente tiene cerca de 5.000 vacas en producción de un total de 10 mil cabezas de ganado. A lo largo de los años han crecido explosivamente y quieren mantener este ritmo, con una perspectiva de crecimiento de 20% anual. Para ello han invertido en capacitación de personas y sobre todo, en transferencia tecnológica de Nueva Zelanda a Chile.

Hasta ahora se han desarrollado 8 unidades lecheras y se aspira a llegar a las 16 en las 5 mil hectáreas.

“Lo relevante aquí es que las personas tienen el poder para crecer y para desarrollarse. Nosotros contamos con toda la infraestructura adecuada para mejorar en productividad”, concluyó Ríos.

Fuente: Campo Sureño

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