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Campo argentino y sociedad, el rencuentro

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Aquí se propone transformar una relación de recelo y de daño recíproco entre diferentes segmentos de la sociedad en una nueva situación en la cual todos ganan.

El corazón de la propuesta consiste en que el funcionamiento de las familias encuentre un nuevo balance entre los ingresos de fuente propia –salario y/o renta- y los beneficios provistos por el Estado. La idea central es que el común de la gente –sin actividad agropecuaria- pueda acceder a la renta del campo por medio de la difusión masiva de instrumentos financieros ad hoc; esto se completa con la contrapartida del retiro del apoyo político al saqueo fiscal al campo. En cierto modo, un nuevo contrato social.

Con el cambio propuesto, en una economía saneada y en crecimiento, debería ser posible proveer un nivel de bienestar satisfactorio para la mayor parte de la población; así, perdería fuerza un factor crítico de la animosidad entre ambos segmentos.

La propuesta no es para nada novedosa. Se trata de reponer la dinámica de ahorro-inversión propia del crecimiento económico del sistema capitalista. Se trata de una organización que a fines del siglo XIX nos llevó a una posición de liderazgo en el concierto de las naciones. Se trata de una articulación que hasta hoy se demuestra eficiente en países desarrollados que comparten con nosotros una economía con base en los recursos naturales, en particular en el recurso clima-suelo.

Dos visiones diametralmente opuestas de una misma realidad

Desde el lado del productor agropecuario se percibe que, a pesar de la enorme contribución de recursos por parte del sector al país, cargan una muy injusta calificación de villano por parte de una sociedad muy desagradecida.

Desde la perspectiva de la población, en particular en los grandes conglomerados urbanos, se percibe que el campo nada en la abundancia, que esa ganancia está exenta de mérito -casi como que lo produce espontáneamente la naturaleza- y que, en consecuencia, corresponde “socializar” dicha renta.

La aproximación corporativista –vía impuestos

Sin pretensión alguna de ser preciso y exhaustivo, simplemente como una súper simplificación suficiente a estos efectos, quiero mencionar que entre la percepción del productor y la percepción de la sociedad introduce una fuerte cuña el accionar del Estado. Muchas personas que por acción de la clase política reciben beneficios del Estado pierden el hilo de conexión con el origen agropecuario de dichos recursos. Además, el Estado corporativista tiene otros invitados VIP a su mesa: los empresarios prebendarios y los sindicatos; tenemos aquí una posible explicación de la brecha entre “el sabor a poco” del común la gente en relación al esfuerzo entregado por el campo.

Elementos de contexto

Recurro una vez más a la súper simplificación para describir resumidamente algunos antecedentes relevantes para darle un marco a la propuesta.

La pobreza puede ser entendida como lo opuesto al capital. Me refiero ahora a dos tropiezos mayúsculos en la dinámica del proceso de acumulación de capital de la economía argentina.

A partir de 1930, aproximadamente, el traspaso del financiamiento y de la operación de las grandes obras de infraestructura desde el sector privado al sector público significó menor volumen de inversión, menor calidad de inversión y menor calidad de servicios; en simultáneo, se incrementó el presupuesto público en varios puntos del PBI y experimentamos dificultades crecientes para financiarlo.

En esta situación, el advenimiento del sistema jubilatorio estatal, en lugar de canalizar ahorro de los trabajadores formales al financiamiento de largo plazo –como un reaseguro al beneficiario de la disponibilidad de recursos a futuro- fue empleado para financiar inversión estatal, subvenciones a la industrialización urbana y consumo presente -todas acciones destinadas a incrementar el atractivo del programa político vigente a los ojos de la población.

Sin desconocer otra cantidad de factores que se conjugan, entiendo con modestia que estos dos eventos recién mencionados fueron elementos de peso en el comienzo de la rivalidad campo-ciudad. El modelo corporativista instaló una intervención estatal creciente, aislamiento comercial y relaciones laborales rígidas y onerosas. Originariamente, en la Alemania de Otto von Bismarck, ese esquema de organización económica y social estuvo concebido al servicio de una estrategia militar, expansiva y defensiva. El corporativismo, modelo por el cual el Estado se coloca a sí mismo como árbitro entre empresarios y obreros sindicalizados, se proyecta hacia el mundo católico a partir de la Rerum Novarum, de León XIII; surgen los conceptos de “la tercera posición” –entre capitalismo y marxismo-, la Doctrina Social de la Iglesia Católica, la Justicia Social y sus manifestaciones políticas en los diferentes países, Fascismo, Franquismo, Peronismo, etc. Entre las claves del funcionamiento del corporativismo se incluye tomar renta del sector agropecuario para aplicarlo en la subvención de una industria urbana capaz de proveer material bélico y capaz de sobrellevar períodos de aislamiento comercial durante el hipotético conflicto.

Así, nos acercamos un poco más a la situación actual. No quiero dejar de mencionar una fuerte paradoja: luego de varias décadas de insistir en esta política de inspiración militar, Argentina se encuentra prácticamente en estado de indefensión.

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La inusitada potencia del campo argentino

Pese a lo confiscatorio de los resortes corporativistas, el campo argentino no dejó de producir; tampoco dejó de aumentar en el tiempo la cantidad y la diversidad de su producción. Pero lo hizo en condiciones de anemia, con poco beneficio, sin acceso al crédito, golpeado por crisis recurrentes y bajo amenaza de confiscación total.

En el campo argentino actual existen efectivamente islas que reúnen abundancia económica y avance tecnológico. Lo que resulta evidente y manifiesto es que, por razones de prudencia, aun los más aventajados están operando muy por debajo de su potencial.

Aun en un contexto de decadencia generalizada, a partir de cierta escala, los productores agropecuarios pueden, mal que mal, continuar con sus proyectos de vida; quienes cuentan con una alta dosis de capital en relación a sus necesidades personales o familiares pueden sobrellevar sin mayores alteraciones los recurrentes embates de la casta política. Por el contrario, otros tantos productores quedaron o quedarán en el camino en caso de continuar insistiendo en lo mismo. Dentro de la Pampa Húmeda existen muchos establecimientos empobrecidos al límite de abandonar la operación; también grandes extensiones de tierra sub-explotada o directamente sin actividad. Esta situación es también asimilable a las economías regionales, donde el nivel de operación actual es una ínfima parte de su verdadero potencial.

El campo demostró su capacidad de resistencia frente a condiciones muy adversas y en particular una enorme capacidad de recuperación. Si los factores limitantes fueran al menos reducidos en parte, la generación de nueva riqueza podría ser apabullante.

Una primera bocanada de oxígeno debería provenir del establecimiento de un marco jurídico favorable para la concesión de las obras de infraestructura íntegramente a privados. Acabamos de presenciar con perplejidad como los esfuerzos de Cambiemos en esta materia impulsaron un descalabro mayúsculo en la administración financiera del Estado. La evidencia acumulada demuestra de modo contundente que este cambio resulta ineludible.

La reversión de expectativas

Existen numerosos factores locales e internacionales que intervienen en la salida de la parte inferior del ciclo económico hacia un rebote en el nivel de actividad –e incluso, en el mejor de los casos, hacia una senda de crecimiento sostenido. Con más o menos fuerza, con mayor o menor nitidez, siempre está presente la componente “expectativa de ganancia de capital”; recursos que estaban a resguardo fuera del circuito económico son reintroducidos al sistema con el ánimo de la obtención de renta. Así ocurrió en oportunidad del inicio de la convertibilidad y también a partir del año 2003. El estímulo pudo resultar insuficiente en 2015 ante el cambio de gobierno, luego del blanqueo y ante el mega paquete de apoyo financiero por parte del FMI.

Resolución de la animosidad por “la vía societaria”

La segunda gran reforma tiene que ver con la puesta en línea del interés de la sociedad en su conjunto con la suerte de su recurso estrella, un sector agropecuario rentable y pujante. Para ello, es necesario crear un marco jurídico e impositivo que facilite la puesta en operación de instrumentos financieros que permitan al común de la población acceder a la renta agropecuaria por medio de la canalización de sus ahorros. La tecnología fintech, al reducir drásticamente los costos de transacción, permiten acelerar y potenciar la masificación de su uso.

Estas dos mega reformas en conjunto –más otros paquetes de medidas complementarias- podrían revertir la dirección de los flujos de capital desde la presente búsqueda de refugio en el extranjero a la captura de buenas oportunidades de negocio en la economía local. En el presente los activos agropecuarios se encuentran muy desvalorizados, en alguna relación con el riesgo país y con la pérdida de valor que reflejan las empresas que cotizan en bolsa.

Quienes primero se sumen a esta corriente podrían tener acceso a sustanciosas ganancias de capital. Una parte relativamente pequeña de los activos hoy atesorados en el extranjero en manos de argentinos podría ser suficiente para darle un inicio auspicioso a este proceso; con una ínfima proporción de los montos disponibles para inversión por parte de extranjeros, la economía argentina podría experimentar una expansión formidable, en un todo de acuerdo con lo que entendemos es su verdadero potencial.

En este nuevo ordenamiento, el campo no solo gozaría de una menor carga impositiva sino que además contaría con un mejor acceso al crédito; también, tema nada menor, quedaría neutralizada la amenaza de confiscación total.

Los nuevos instrumentos financieros que se proponen podrían ser vehículos para la colocación de ahorros previsionales con respaldo en la economía real -y ya no en bonos de un Estado quebrado de modo secular. No es un beneficio menor para un asalariado formal ganar tranquilidad de que el ahorro previsional obligatorio que administra el Estado tenga efectivamente, llegado el momento, mayores chances de retribuir el esfuerzo.

Quienes dispongan de alguna capacidad de ahorro extra podrán encontrar en estos nuevos instrumentos una alternativa para reforzar sus ingresos.

Para la franja de población sin capacidad de ahorro, incluso para quienes no participen del sistema previsional, el beneficio de estos cambios puede resultar crucial: una economía ordenada y en crecimiento puede proveer mejores oportunidades de trabajo y, en particular, puede limpiar del horizonte las crisis recurrentes que hacen explotar los niveles de pobreza.

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Alejandro Cabrera

About Alejandro Cabrera

Alejandro's expertise fits well with his Special Projects position within GTSA. His cross-cultural international business experience working along aside large foreign companies in Argentina, Brazil, Chile and Uruguay giving expert advice related to M&A and Joint Venture negotiations. He is fluent in English, Spanish, French and Portuguese

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