La Normandina: lugar emblemático de Playa Grande y Mar del Plata, Argentina

La Normandina, una de sus más emblemáticas construcciones, abandonada durante décadas, fue recuperada por el estudio Marplatense de arquitectura Mariani—Pérez araviglia. Los arquitectos la pusieron en valor respetando completamente su morfología arquitectónica. Y, lo interesante es que reforzaron su relación con el mar agregándole aventanamientos y eliminando columnas.

Inscripto en la vertiente arquitectónica del Modernismo, este edificio se había inaugurado en 1938 como “Normandie”, cuando aún estaba en pie la vieja Rambla de madera Bristol. En su esplendor albergó al restaurante homónimo y a la mítica Confitería París, lugares elegidos por la alta sociedad de la época para celebrar sus descomunales banquetes, con tangos y fox trot.

Años después, el edificio fue la sede del Instituto Nacional de Desarrollo Pesquero y albergó al Instituto Oceanográfico, hasta que el INIDEP se mudó a la escollera Norte y el Normandie quedó abandonado.

El predio, que conforma el extremo norte del conjunto urbanístico de Playa Grande y está incluido en el Patrimonio Arquitectónico de la municipalidad de General Pueyrredón, fue perdiendo su original esplendor para finalmente convertirse en un sitio carcomido por el agua y las sales marinas.

Para los arquitectos, la fuerte presencia visual y simbólica de esta construcción (líneas limpias que insinúan la forma de un buque, con sus barandas y sus líneas de proa y popa incluidas), arraigada en la memoria colectiva, supuso un fuerte compromiso profesional ante la puesta en valor del edificio. Sobre todo, porque presentaba riesgo de colapso estructural y un alto deterioro en su morfología arquitectónica. “Un deterioro ocasionado por las sucesivas intervenciones, que ignoraron los conceptos compositivos del edificio original”, apunta uno de los arquitectos, Carlos Mariani.

Desafío estructural

La reparación de la estructura culminó en su sustitución total por otra de alta prestación. “Esta decisión permitió fundar correctamente el edificio en cotas inferiores a los cinco metros con respecto al nivel de la arena”, cuentan los proyectistas. Para eso utilizaron camisas de metal y un sistema de refulado para desalojar arena y agua. Una vez alcanzado el lecho rocoso, se llenaron de hormigón conformando pilotes. Paralelamente, se empleó un sistema de postesado en las vigas para alcanzar mayores luces, que redujo el número de columnas. “Conseguimos así emular el sentido de estar como en el mar, una percepción acorde con el origen naviero del edificio”.

Por otro lado, el proyecto buscó consolidar el acervo histórico del sitio, afianzar su identidad, devolviéndole un hito de fuerte carga simbólica. “Tratamos al edificio con equilibrio, lo intervinimos sin desnaturalizar sus características tipológico—formales”, dicen cen los autores. Para eso, respetaron las escalas, la articulación volumétrica, los ritmos de fachadas y su relación de llenos y vacíos. La intervención se pone de manifiesto a través de un lenguaje que no se refugia en nostalgias historicistas que puedan borronear las diferencias entre el pasado y lo contemporáneo.

Ajustados a esta premisa proyectual, los arquitectos conservaron la morfología original, subrayando la presencia de lo nuevo con importantes aventanamientos de aluminio y vidrio que permiten relacionar, de manera más intensa, al mar con el usuario. En igual sentido, grandes terrazones, dispuestos en bandejas paralelas y protegidos por cortavientos de vidrio, permiten maximizar la relación con el océano. Estos se convierten en amplias expansiones aptas para el disfrute de visuales de alto valor paisajístico.

El programa funcional plantea la recuperación del uso original del edificio, vinculado con la gastronomía y las actividades culturales. Se resuelve en tres plantas, unidas a través de un espacio de triple altura que alberga los núcleos de circulación vertical. En el nivel de acceso (medio), un hall de gran escala genera un espacio / galería de arte, a la vez que actúa como antesala de los cuatro restaurantes, todos con grandes ventanas hacia el mar.

En la planta alta se dispone un salón con capacidad para 800 personas sentadas. El salón se puede compartimentar en tres y tiene carpinterías que incrementan la sensación de proximidad al agua y el efecto de estar, literalmente, a bordo de un crucero. El nivel que da sobre la arena está ideado para emprendimientos relacionados con la vida de playa. En los dos extremos del edificio, el programa se completa con dos terrazas curvas que, a la manera de cubiertas, refuerzan la lectura de un barco en altamar.

Por La Normandina pasean hoy miles de visitantes. La arquitectura contemporánea, que permite sentir el océano como incorporado a los espacios, asombra y genera el inmediato regreso.

La Normandina de hoy recupera un emblema, evoca la Belle Époque marplatense y conjuga una arquitectura moderna con la sensación de sentir el océano incorporado en sus espacios. Un hito histórico, un coloso en Playa Grande

Para mas información: http://www.gatewaytosouthamerica.com o llamar al 54 11 5254 3415

E-mail de contacto: [email protected] – mobile 15 4022 8660

About Miguel Domenech

Miguel was born in Buenos Aires, Argentina, and has a large experience in real estate markets with particular emphasis in commercial and office properties developed through his years working with top five commercial realtors in Argentina. Formed in capital markets in Buenos Aires (MVBA - BCBA), Argentina, with vast experience in finance and investments. Contact: miguel@ gtsa-argentina.com
This entry was posted in All S. A. Country Categories en, Argentina - General es, Argentina Commercial es and tagged , , , , , , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply